El aire del club estaba frío, pero mi piel ardía. Salí del despacho privado con mi ropa revuelta y el sabor salado y desesperado de Darak en la boca. Había pasado de ser una víctima a una traidora en cuestión de minutos. El odio no había muerto, pero se había corrompido con una pasión tan intensa que no podía negar. Me había dicho que me amaba y me había pedido que lo eligiera, y yo solo hui como la cobarde que nunca dejaría de ser.
Me cambié rápidamente en el baño del club, mis movimientos bru