El Eclipse ya no sangraba, pero lo que brotaba de la grieta no era paz, era hambre, hambre de carne, de contacto, de poder crudo, hambre de todo lo que Asha había reprimido por demasiado tiempo. Asha caminaba descalza sobre la tierra quebrada, sus símbolos ardían, su respiración era irregular y su cuerpo... sentía un deseo que no era solo suyo, algo la estaba mirando desde las sombras, algo que conocía cada curva de su espalda, cada sonido que hacía al ser tocada sin permiso.
—Estás tardando —d