La criatura abrió los ojos, eran dorados como los de Eryx, tenían la fijeza emocional de Nerya y la boca torcida de Asha al borde del éxtasis, no lloró, no se arrastró, no buscó calor, solo los olió y sonrió.
—¿Qué es eso? —murmuró Nerya.
—Una aberración hermosa —susurró Eryx, con voz rasgada. —Asha se adelantó.
—Es nuestra y no es de nadie, la criatura los rodeó.
Iba desnuda, como recién parida por el placer pero cada parte de su cuerpo parecía diseñada para matar… o para seducir, tenía pechos