El cielo empezaba a cambiar de color dando inicio a la mañana, cuando Kaelrya bajó del caballo. Ni siquiera se molestó en sujetar las riendas; el animal sabía que debía permanecer a su lado.
La neblina le cubría hasta la cadera, pegándose a su cuerpo como si fuera un velo y el frío la obligó a ajustarse la capa mientras el vaho escapaba de sus labios.
La temperara era muy similar a la de Noxaria, aunque fuera del bosque el clima era completamente distinto.
Todo en el Bosque Prohibido se sentía