El olor a incienso y cera derretida cubría la habitación, haciendo el aire casi sofocante. Decenas de velas rodeaban un altar de piedra y sus llamas, a pesar de la falta de corrientes de aire, temblaban como si estuvieran sincronizadas con la respiración agitada que resonaba en el lugar.
Las sombras danzaban sobre las paredes, proyectando formas distorsionadas que parecían moverse junto a los espasmos de su cuerpo.
De rodillas frente al altar, Ixel apoyó las manos desnudas contra el suelo helad