Kaelrya estaba sentada en el alféizar de una ventana de un pasillo poco iluminado, con una pierna flexionada y la otra estirada de forma descuidada, con la falda alzada hasta las rodillas. En su mano derecha descansaba una copa de vino, que apenas había tocado; el líquido oscuro se movía a veces cuando su mano temblaba de forma casi imperceptible.
En esa posición, observaba el jardín sumido en la penumbra, aunque su atención no estaba puesta en nada que pudiera ver en ese momento. De forma inc