El frío fue lo primero que alcanzó a percibir, pero no era el mismo que se acumulaba en su cuello, este era distinto. Lo sentía en su frente, rosando su piel de forma insistente, como si alguien estuviera trazando líneas en esa zona; quiso fruncir el ceño y apartarse, pero el cuerpo no le respondió. Así que se quedó ahí, sumido en una quietud incómoda.
Después llegó otra vez el susurro. Sabía que eran voces que no le llegaban con claridad, sino como fragmentos que se colaban en su semiinconscie