Kaira se puso delante de Serethia y llevó una mano hacia atrás, tensando los dedos en el mando de su espada, justo antes de que otra Sel’Kaïra y un lobo pequeño saltaran frente a ellas.
Sabía que el poder neutralizante de la sangre dejaría de hacer efecto pronto, pero había decidido moriría libre, luchando por una causa elegida y no por una impuesta.
—Las cosas no tienen que terminar así, Kaira —la voz de la otra guerrera sonó suave, y enterró la lanza en el suelo—. Si me la entregas, puedo de