Kennedy
—¿Me estás jodiendo, Ryker? ¡Bájame!
No ignoraba el hecho de que estaba viendo el trasero más perfecto que me había tocado ver en la vida, mientras golpeaba con mis puños unos músculos tan marcados que él probablemente ni sentía. Intentaba no pensar en la parte delantera de aquel lobo enorme. Específicamente en esa parte de su cuerpo que no dejaba de golpearme el tobillo.
—Ni lo sueñes, corderito, eres muy asustadiza. No me gustaría que salieras corriendo otra vez y te perdieras. Hay muchos lobos feroces allá afuera listos para devorarte.
En ese momento resultaba que se creía comediante.
Sabía que no serviría de nada y que al día siguiente seguro tendría moretones, pero seguía pataleando solo para ser difícil y lograr que se sintiera tan molesto como yo en aquel instante.
Era por puro principio, para recordarle que no tenía el control sobre mí. Mientras me moviera lo suficiente como para obligarlo a reajustar su agarre, me daba por satisfecha. Además, el dolor me ayudaba a rec