—No —gruñí mientras le sujetaba la muñeca.
—Quita. Tu. Mano. De. Encima. Ahora —me dijo, sosteniéndome la mirada. Me estaba desafiando y casi podía sentir que la mano me quemaba en el lugar donde tocaba su piel.
—No.
—¿No?
—No. Hay muchos preocupados por ti después de tu numerito de desaparecer. Tenemos que regresar a casa de la manada para hablar de tu mudanza a Luna Oscura.
“Es un peligro para ella misma y para los demás, ya no tiene otra opción. No cuando su reacción ante los problemas es sa