—Salvada por el Alfa. —Me guiñó el ojo Finn al pasar de largo para seguir a Josh. Mi loba soltó un gruñido. Arrogante imbécil.
Ahora estaba atrapada caminando detrás de él, aspirando su aroma a menta y pino mezclado con el sudor y la tierra que se había ganado a pulso durante el entrenamiento. Por no mencionar que la definición de su espalda era igual de agradable a la vista que su parte delantera. ¡Carajo! Otra vez no. Tenía que dejar de devorar con los ojos a ese idiota.
—¿Todo bien por allá,