Greta
No sabía qué tenía ese tipo, pero me sacaba de quicio de verdad. Lo observaba pelear día tras día, porque parecía no tener nada más que aportar a la manada. Llegaba tarde, no seguía las reglas ni ninguno de los protocolos que yo establecía. Y sin embargo seguía ganando sus combates contra algunos de los mejores guerreros que había entrenado, así que no podía disciplinarlo de verdad.
—Hazlo de nuevo —llamé, intentando sonar aburrida. En realidad me moría de ganas de ver si podía quebrarlo e