A mi lobo y a mí nos encantaba poder correr durante tres horas y apenas dejar huella en los límites completos del territorio de la Manada Luna Oscura. La cena estaba en pleno apogeo cuando por fin regresamos. Una de las cosas de las que no habíamos podido alejarnos era nuestra cena comunitaria. Habíamos instalado un amplio patio con varias fogatas, dos asadores enormes y capacidad para cuarenta.
Todos seguíamos reuniéndonos cada noche, incluso quienes no vivían en el edificio. La mayoría de nos