Ryker
El amanecer del inicio del verano interrumpió mi sueño, pero el cosquilleo que me producía el contacto con Kennedy me impedía moverme. Estaba en el paraíso, justo ahí, exactamente así. La atraje hacia mí y escuché su risita.
—¿De qué te ríes, Corderito?
—Tenemos que ir al entrenamiento, calenturiento.
—Pueden esperar unos minutos —dije, rodando para quedar sobre ella y hundiendo el rostro en la curva de su cuello, lo que le arrancó otra risita—. Sabes que no serán unos minutos. Y tienes qu