Ese maldito arrogante seguía creyendo que tenía algún tipo de control. Tal vez se sentía demasiado cómodo en su propia casa. O tal vez yo había sido demasiado blando con él. Siempre me había sentido obligado por el honor a respetar el acuerdo que habíamos hecho toda una vida atrás. Pero él claramente no lo sentía así, y creía tener carta blanca. Esto había durado demasiado.
—Creo que deberíamos aligerar un poco su carga.
—¿Qué agarro, jefe?
—Cualquier cosa que esté muy usada, lo que tengan en la