La Sra. Elliott, con una sonrisa que inspiraba confianza, guio a Amira a una sala privada, decorada con elegancia y un toque de exclusividad que la hacía sentir como una verdadera celebridad. Una vez dentro, Misty se volteó, observando a Amira de arriba a abajo con ojos críticos, pero amables. Amira sintió una ligera punzada de nerviosismo bajo esa mirada atenta, pero no dejó que se notara; levantó la barbilla y mantuvo su postura segura.
—Bueno, querida, me presentaré como es debido: soy Misty,