La luz desapareció y el espacio en blanco comenzó a disolverse. Amira, en medio de su trance, escuchó una voz que le resultaba familiar, distante pero clara, llamándola desde lo lejos.
—Ami, Ami, amor, despierta.
Era David, su voz suave y preocupada. Amira sintió que volvía a la realidad, y poco a poco, abrió los ojos, encontrándose con el rostro de David, que la miraba con una mezcla de alivio y ternura.
—David, ¿qué haces aquí? —preguntó Amira, aún algo desorientada, mientras se incorporaba le