Amira se acomodó nuevamente en su silla, como si la reunión no hubiera llegado a su fin, dejando a Román y Ronny perplejos. Ambos intercambiaron miradas sorprendidas antes de que Román finalmente rompiera el silencio.
—¿No vas al almuerzo? —preguntó, aun intentando comprender la situación.
Amira levantó una ceja, mostrando una sonrisa suave pero firme. —No, el Sr. Stone quiere seguir trabajando, así que... —respondió con naturalidad, mirando a Ronny—. Por favor, Ronny, pide comida a domicilio. P