Alba, mi nombre es Alba
Amira no pudo hablar, sólo abrió los ojos para tranquilizarlos a todo, incluidos Zeus y David. Pro a penas este último, trató de estrecharla con más fuerza, un grito de dolor agudo salió de los labios de su Luna. El momento de alivio que David había sentido al ver a Amira abrir los ojos se desmoronó en el instante en que su grito de dolor atravesó el aire, desgarrando la calma que había traído la bendición de Selene. Su corazón se apretó, y el miedo se coló en su mente con fuerza renovada. Sabía