El gran día había llegado, y David se encontraba más nervioso de lo que hubiera imaginado. A pesar de ser un hombre acostumbrado a controlar situaciones difíciles y a lidiar con tensiones empresariales y familiares, esta ocasión era diferente. Amira, su Luna, regresaba después de un mes y una semana de separación, y aunque había logrado mantenerse ocupado con el trabajo, la espera había sido casi insoportable para él y Zeus.
David estaba en el hangar privado, esperando con un ramo de rosas rojas