Amira caminó lentamente, asombrada por la atención al detalle. Todo el espacio irradiaba serenidad y lujo sin pretensiones, pero lo que más la impresionaba era cómo ese lugar parecía estar hecho para ella, reflejando su estilo y personalidad.
—Esto es... increíble —murmuró Amira, girándose hacia David, que la observaba desde la puerta del ascensor con una sonrisa de satisfacción.
—Vanessa hizo un trabajo excelente, ¿no? —respondió David mientras se acercaba, deslizando sus manos por su cintura—