El silencio después de la partida de Darian era tan denso que podía sentirlo en los oídos. Me quedé junto a la cama, los brazos cruzados sobre el pecho, sintiendo el suave tejido de la seda que no era mía como una segunda piel alienígena. Lugar seguro. Cárcel ritual. Opciones que no son opciones. Sus palabras giraban en mi cabeza, un carrusel de locura imposible.
Pero las visiones… esas no podía negarlas. El dolor del vínculo roto todavía resonaba en mi pecho, un eco fantasmal.
Caminé hasta la