Nadie se movió.
Durante unos segundos el mundo pareció detenerse.
Sasha permanecía tendida sobre la tierra oscura, inmóvil, con los ojos todavía abiertos hacia el cielo nocturno como si hubiera querido decir algo más y simplemente el tiempo ya no se lo hubiera permitido.
La sangre avanzaba despacio bajo su cuerpo.
Sin prisa, sin dramatismo.
Como si incluso la noche hubiera decidido respetar el silencio.
Verina permaneció de pie frente al cadáver con surespiración estable y postura perfecta