Verina.
Decir que era una completa idiota era quedarse corta.
A la mañana siguiente desperté antes del amanecer.
Por unos segundos permanecí inmóvil mirando el techo de madera, todavía medio dormida, esperando encontrar alguna sensación distinta. Algo que justificara todo lo que había pasado la noche anterior.
No encontré nada.
Solo el cansancio en el cuerpo y una incomodidad difícil de nombrar.
Giré apenas el rostro.
Vladimir seguía acostado a mi lado, profundamente tranquilo, como si nada e