El humo rojo llegó antes que el grito.
Una bruma espesa, viva, serpenteó por los corredores del palacio como si conociera cada grieta, cada columna, cada sombra.
Los guardias no tuvieron tiempo de reaccionar.
Los hermanos de Selira tampoco.
La bruma los envolvió como un abrazo venenoso.
Y el palacio Carmesí, orgulloso y antiguo, comenzó a caer.
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En la habitación del alfa, Selan despertó sobresaltado.
El temblor del suelo había sido leve al principio… pero ahora era un rugido.
Se levantó de