Lucian cayó de rodillas.
La luz que había encendido en su pecho no era luz.
Era un latido.
Un pulso antiguo.
Un rugido contenido durante siglos.
Lyra retrocedió un paso, con la mano sobre el corazón.
La joya vibraba como si quisiera romperse.
Kaelys gritaba en su mente, pero la voz se perdía entre el estruendo que emanaba de Lucian.
Kaelthar se lanzó hacia él.
—¡Lucian! ¡Respira!
Pero Lucian no podía.
El aire entraba y salía como si no le perteneciera.
Como si su cuerpo fuera un recipiente dema