Ares respiraba hondo en la cima de la montaña. El viento soplaba con fuerza, agitando su capa de guerrero, pero él no sentía frío, solo una calma inusual, una conexión etérea que viajaba en el aire como un susurro, recordándole a Isabel.
No la veía, no la tocaba, pero sentía sus pensamientos. Una frase no dicha, una súplica silenciosa. Era como si sus almas se encontraran entre el caos, como si, por un segundo, ella lo hubiera tocado desde la distancia, como si, a pesar de todo, su luna siguier