Habían pasado dos semanas desde que Henrry la rescató.
Dos semanas desde que Lucía comenzó a verlo con otros ojos. No como su captor, ni como un enemigo, sino como alguien capaz de protegerla, incluso cuando ella misma ya no podía hacerlo.
En ese tiempo, sus encuentros se hicieron frecuentes. Caminar por los jardines, comer juntos en silencio, entrenar bajo el sol de la tarde o simplemente compartir la misma habitación sin hablar, pero con los corazones latiendo a la misma frecuencia.
Lucía aún