—No puedo.
La frase salió tan baja que el arroyo casi la cubrió.
Nick no respondió.
Eso fue peor.
Levanté los ojos.
Su expresión no mostraba enfado.
Solo decepción.
O quizá dolor.
No sabía cuál me resultaba más difícil de soportar.
—Lo siento.
La costumbre volvió.
Nick negó.
—No.
—Pero...
—No pidas perdón.
—Te he hecho pensar que...
—No me debes un sí porque yo lo quiera.
La frase debería haberme aliviado.
No lo hizo.
Porque yo quería decir sí.
Ese era el problema.
—No entiendes.
—Entonces ayúd