Los rumores no empezaron con palabras.
Empezaron con silencios.
Entraba en una habitación y dos personas dejaban de hablar.
Cruzaba el patio y alguien me miraba demasiado tiempo.
Una mujer sonreía.
Otra levantaba una ceja.
Al principio intenté convencerme de que no tenía relación conmigo.
Después escuché mi nombre.
—...Serafine.
Me detuve detrás de la puerta de la despensa.
Dos criadas hablaban al otro lado.
—Dicen que fue ella quien se puso delante.
—¿Del Rey?
—Claro. Para que la agarrara.
Sen