Intenté no volver a mirar a Nick.
No funcionó.
Había algo en saber que él estaba observándome que volvía cada movimiento más difícil.
Demasiado consciente de mis manos.
De mi espalda.
De la forma en que el vestido prestado rozaba mis piernas al caminar.
Llevaba una bandeja vacía hacia la cocina cuando una voz masculina me hizo detenerme.
—Espera.
El guerrero de Sol del Oeste que me había sonreído antes se acercó.
Era joven, quizá de la edad de Kael o un poco menos. Cabello claro, hombros anchos