Mundo ficciónIniciar sesiónEl vestido no era escandaloso.
Eso era lo peor.
Si hubiera tenido un escote exagerado o joyas o bordados, habría podido culpar a la ropa.
No tenía nada de eso.
Caía suavemente sobre mi cuerpo y se ajustaba a la cintura antes de abrirse sobre las caderas. El color hacía que mis ojos parecieran todavía más claros.
Mara había soltado parte de mi cabello.
Las ondas caían sobre mi espalda.
Me miré en un espejo pequeño.
—No parezco yo.
—Pareces tú sin un saco encima.
—Mis vestidos no parecen sacos.
Mara me miró.
—Algunos tienen aspiraciones.
Le lancé una mirada.
Ella sonrió.
—Ve.
—No quiero.
—Precisamente por eso tienes que ir.
Respiré hondo.
Entré en el gran salón con una bandeja.
Las conversaciones continuaron.
Durante dos segundos.
Después noté algunas miradas.
Bajé los ojos.
Error.
Eso solo hizo que sintiera más todas las demás.
Avancé.
Nick estaba hablando con Kael.
No me había visto.
Elya sí.
Su expresión me dio una pequeña satisfacción que me avergonzó inmediatamente.
No era propio de mí disfrutar del enfado ajeno.
Aunque quizá podía hacer una excepción.
Me acerqué a la mesa.
Nick levantó la cabeza.
Se quedó callado.
No fue algo sutil.
La frase que estaba diciendo simplemente murió.
Kael siguió su mirada.
Después observó a Nick.
Yo deseé desaparecer.
—Majestad.
Nick no respondió.
Sus ojos recorrieron mi rostro.
Mi cabello.
El vestido.
Se detuvieron un instante demasiado largo en mi cintura.
Después regresaron a mis ojos.
Su mandíbula se tensó.
—Nick —murmuró Kael.
Él parpadeó.
—Sí.
La voz salió más grave de lo normal.
Sentí calor bajo la piel.
Serví una copa.
Intenté no temblar.
—Ese vestido...
Nick se calló.
Levanté la mirada.
—¿Qué pasa?
Algo parecido a frustración cruzó su expresión.
—Nada.
Kael bajó la cabeza para ocultar algo que sospeché era una sonrisa.
—No parece nada —dijo.
Nick le lanzó una mirada.
Kael decidió interesarse mucho por su copa.
Yo no sabía dónde meterme.
—Es prestado.
—¿Prestado?
—El mío se manchó.
Los ojos de Nick fueron inmediatamente hacia Elya.
Ella hablaba con otra mujer como si nada.
—¿Cómo?
—Vino.
—¿Quién?
—Fue un accidente.
La frase salió por costumbre.
Nick me miró.
—¿Lo fue?
No contesté.
Sus ojos se oscurecieron.
—Serafine.
—No importa.
—Empiezo a odiar esa frase.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—Tengo que seguir sirviendo.
Me moví.
Nick extendió la mano.
No llegó a agarrarme.
Sus dedos se quedaron a centímetros de mi cintura.
Se detuvo.
La retiró.
Aquel gesto me afectó más que si realmente me hubiese tocado.
Porque había querido hacerlo.
Lo había visto.
Continué con la bandeja.
A mitad del salón un joven guerrero de Sol del Oeste me sonrió.
—¿Me sirves?
—Claro.
Incliné la jarra.
—Gracias.
Nada más.
Cuando me incorporé sentí una mirada.
Nick.
Ya no había sorpresa en su expresión.
Había otra cosa.
Más oscura.
Más intensa.
El guerrero también lo notó.
Su sonrisa desapareció.
Yo regresé a la mesa principal.
Nick esperó hasta que estuve cerca.
—¿Quién es?
Parpadeé.
—¿Quién?
—El hombre al que acabas de servir.
Miré hacia atrás.
—No sé.
—Te ha sonreído.
Me quedé mirándolo.
—La gente sonríe.
Kael tosió.
Nick lo ignoró.
—Él demasiado.
No pude evitar una pequeña sonrisa.
—¿Eso también es asunto del Rey?
Su mirada cayó sobre mi boca.
La sonrisa se me borró lentamente.
—No.
Su voz bajó.
—Creo que empieza a ser asunto mío.
El calor me recorrió el vientre.
No entendí cómo responder.
Elya sí.
Estaba al otro extremo de la mesa.
Y había escuchado cada palabra.
Su mano se cerró alrededor de la copa con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.







