Capítulo 11. El cuerpo como lenguaje.
Ariadna entendió demasiado tarde que el problema no era solo lo que había decidido.
Era lo que su cuerpo había aceptado sin pedir permiso.
No era ingenua. Nunca lo había sido. Sabía reconocer el deseo, sabía contenerlo, sabía incluso ignorarlo cuando era necesario. Pero lo que sentía por Elías no se comportaba como un impulso común. No desaparecía con la distancia ni se diluía con el trabajo.
Persistía.
Como una corriente silenciosa bajo la piel.
Esa mañana llegó a la oficina antes que nadie, c