Emily
Desperté tocándome los labios.
Fue automático.
Antes incluso de abrir los ojos.
Todavía podía sentirlo.
Adam.
Su boca.
Su mano en mi cintura.
Sus dedos en mi nuca.
El calor de su cuerpo pegado al mío.
Y después:
No.
Abrí los ojos.
Perfecto.
Había conseguido despertarme excitada y enfadada al mismo tiempo.
Un logro admirable.
Salí de la habitación.
Nora estaba sentada en la cocina con una taza de café.
Me miró.
Después miró mi boca.
—Oh.
Abrí la nevera.
—No.
—No he dicho nada.
—Pero vas a