Mis ojos estaban bien abiertos mientras mi cerebro trataba de procesar la información.
—¿Quién… quién me iba a envenenar? ¿Quién quería verme muerta?
Mi madre caminó hacia la ventana, apretando los puños. —¿Recuerdas el vaso de leche que Carina te preparaba cada noche antes de acostarte?
—Y la repostería que ella misma horneaba, las sopas nutritivas que decía que te hacían bien, cada “amorosa” dosis de vitaminas… —se volvió, los ojos ardiéndole de rabia—. Cada una contenía una pequeña cantidad