Se oyeron pisadas bajando por las escaleras y Carina apareció con su camisón de dormir.
—Hermano, ¿volviste? Déjame calentarte un poco de leche.
Marco asintió, aunque, de forma extraña, aquello lo irritó.
Carina trajo la leche. El vaso estaba limpio y la temperatura era perfecta.
Pero al beberla, él supo de inmediato que algo no estaba bien.
En ese momento, Domingo Moretti salió de su despacho.
—¿Todavía siguen despiertos? —preguntó con cansancio.
—¿Sigues ocupado con ese trato de armas, papá