Capítulo 83. Instinto
Mis ojos seguían fijos en la incubadora vacía, en ese espacio donde hace apenas unos minutos latía la vida de mi hijo y que ahora solo contenía una manta azul arrugada y cables inertes.
—¡Reacciona, Valeria! —me gritó Fabio, sacudiéndome—. ¡Si nos quedamos aquí parados, la perdemos!
—Se lo llevó, Fabio... Mariana... —las palabras se me atropellaban en la boca. El descubrimiento de que mi mejor amiga, la persona a la que le confié mis miedos, era la cómplice de mi tía.
—Mariana está bajo custodi