Capítulo 77. Escena grotesca.
Pasaron los días, pero para mí cada hora se sentía como una semana entera. Me dieron el alta, lo que significaba que tenía que dejar esa habitación de hospital donde, al menos, me sentía cerca de Luis.
Salir de ahí sin mi hijo en los brazos fue como si me arrancaran un pedazo de carne sin anestesia. Caminar por los pasillos, ver a otras madres con sus bebés envueltos en mantitas azules o rosas, me hacía querer gritar de la rabia y la tristeza.
Pero antes de cruzar esa puerta giratoria del lobby