Capítulo 76. Mundo de locos
Intenté moverme para sentarme mejor, pero un tirón en los puntos me hizo soltar un quejido. Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe. No fue un empujoncito suave de enfermera; fue un golpe duro, de esos que avisan que quien entra no viene en son de paz.
Era Alejandro.
Traía la misma ropa de antes, pero se veía aún más desquiciado. Tenía la corbata floja, la camisa desabrochada del cuello y los ojos... Dios, sus ojos grises daban miedo. Estaban rojos, fijos en mí con una intensidad que