Capítulo 74. Nada es lo parece
Me dolía todo. Cada vez que la enfermera empujaba la silla de ruedas y pasábamos por un piso, sentía un tirón en la herida de la cesárea que me cortaba la respiración. Pero no me importaba.
Lo único que tenía en la cabeza era a mi hijo. Lo habían sacado de mí tan rápido que ni siquiera pude escuchar su llanto antes de que se lo llevaran corriendo.
Cuando entramos a la sala donde estaban las incubadoras, el calor y el pitido de las máquinas me marearon un poco. La enfermera me acercó a una cajit