Capítulo 66. El Triángulo
Alejandro, me tomó sutilmente por el brazo. Era un agarre firme, no violento, pero me sentí arrastrada.
Me adentró al apartamento, cerrando la puerta detrás de sí con un sonido seco y definitivo. Era un sonido que sellaba el fin de mi huida.
Me soltó y dio un paso atrás, de repente sus ojos grises se fijaron en mi vientre. La intensidad era abrumadora.
—¿Cómo es posible? ¿Quién es el padre? —preguntó, con la voz áspera, muy consternado. Su pregunta era una bala directa, cargada de una mezcla de