Capítulo 17. Somos ruina o cimiento.
Bajé un peldaño sin querer. El sonido de la madera en el silencioso amanecer. Ambos levantaron la cabeza y sus miradas se encontraron conmigo.
—Valeria —dijo Alejandro, ahora sí mirándome—. Te dije que subieras.
Me quedé congelada. No había máscara posible. Mis ojos, rojos de cansancio y emoción, mi vestido arrugado, mis manos temblando.
—Perdón —alcancé a susurrar.
Fabio me estudió. Primero los zapatos, luego las manos, la forma en que me abrazaba a mí misma. Después la cara, su mirada volvió