Capítulo 12. El filo de los celos
El campus estaba vivo aquella tarde. Risas, pasos apresurados, el ruido de los grupos organizándose para la fiesta del fin de semana. Yo caminaba con mis libros apretados contra el pecho, distraída, cuando Mariana apareció de repente a mi lado. Su presencia me sacó de mi burbuja de pensamientos sobre Alejandro.
—Valeria, ¿ya te enteraste? —dijo en un susurro emocionado.
—¿De qué? —fruncí el ceño, mi mente estaba aún en el despacho de la noche anterior.
—De Damon —sus ojos brillaban con picardía