Capítulo 11. La prueba del silencio
Cada vez que el lazo rozaba mi piel, sentía que Alejandro estaba conmigo, aunque no pudiera verlo. En el campus, los pasillos bullían de voces, risas, mochilas golpeando los hombros. Yo caminaba entre todos como si nada, pero por dentro llevaba un temblor que me quemaba. Me sentía como si estuviera a punto de explotar.
—Oye, ¿te veo más callada hoy? —me preguntó Mariana, con su voz vivaz.
—Estoy... concentrada para la clase del profesor Cruz —dije, y la mentira no me salió tan bien.
Mariana se