Katerina pensó que sus temblorosas piernas no la dejarían acercare a la caseta del jardín, pero de alguna manera se las arregló para llegar hasta el umbral de la entrada. Alexander hizo el resto del camino, se acercó poco a poco con la mirada anclada a la suya. Cuando estuvo frente a ella, sacó del bolsillo de su chaqueta un estuche de joyería, lo abrió, se arrodilló frente a Katerina y le dijo:
―Hoy, delante de nuestra familia y con su consentimiento, yo, Alexander Kuznetsov te pido en matrimo