Su abuelo la miró con el ceño fruncido y sin siquiera caminar siguió su camino. Gema se lo quedó mirando hasta que se subió al ascensor que ella había dejado abierto.
―Pasa, Gema, llegaste temprano ―afirmó Jelena.
―¿Qué quería ese hombre? ―preguntó Gema con preocupación
―¿Mi padre? ―dijo Jelena rehuyendo su mirada.
―Sí, ¿qué demonios quería después de haberte ignorado todos estos años? ―preguntó fijando en su mente las facciones de su “abuelo”.
―No quiero hablar de él, estoy preocupada por ti.