El beso me persiguió hasta casa.
No como un recuerdo.
Como un latido.
Vivía en el suave ardor de mis labios, en el calor que volvía a mi piel cada vez que cerraba los ojos, en la forma exacta de la mano de Liam en mi cintura.
Apenas dormí.
Cada vez que me quedaba dormida, estaba de vuelta en la escalera.
El frío del cemento contra mi espalda.
Su aliento cálido en mi boca.
Esa confesión áspera y baja.
Eso no significa que no la deseara.
Por la mañana, el cansancio se posaba tras mis ojos como mo