Desperté en silencio.
No un silencio vacío.
Un silencio lleno de presencia.
Calidez.
Respiración.
Conciencia.
Por un segundo desconcertante, olvidé dónde estaba.
Entonces, las cortinas del hotel cobraron protagonismo: pesadas cortinas grises con una fina línea de luz matutina que las atravesaba por el centro, y los recuerdos me invadieron de golpe.
Chicago.
El partido.
El beso en el pasillo.
Liam.
Mi corazón dio un vuelco repentino.
Giré la cabeza.
Él seguía allí.
Dormido en la silla junto a la