El estadio de Chicago era más ruidoso que el nuestro.
No mejor.
Simplemente más ruidoso.
Ese tipo de ruido que se te metía bajo la piel y se quedaba ahí, vibrando en tus huesos mucho después de que la multitud dejara de gritar.
Desde la cabina de prensa sobre la pista, todo el lugar parecía eléctrico.
Luces blancas que brillaban sobre la pista.
Aficionados golpeando el cristal.
Una tormenta de camisetas, pancartas y flashes de cámaras.
El partido de esta noche era importante.
Clasificación de l