—Brandon, cuídate mucho —dijo Julieta, dándole un fuerte abrazo a su amigo. La verdad es que no quería despedirse.
—Eso debería decírtelo yo, Julieta —posó una mano en su vientre. Sus ojos se suavizaron con ternura—. Cuida bien de Luna y también de este pequeñín.
Ambos estaban en el aeropuerto. El vuelo que Brandon estaba a punto de abordar lo llevaría a Tokio. Él se mostraba ilusionado con la idea; decía que quería perderse en los barrios de tecnología de Akihabara, pero también deseaba camina